Frente a mí estás. Invades, inauguras
un ámbito, un espacio
ya tuyo para siempre. Cada
postura, cada gesto adquiere
el temple de esa transparencia
que en este instante nos protege.
Un espacio creado
para ti, que no existía antes
de tu llegada; superpuesto
a anteriores presencias en el mismo
lugar e impenetrable
a posteriores invasiones.
La tarde es una plaza
con tilos y con pájaros y en este
mismo banco de mármol desgastado
se besaron antiguos
amantes; pero ellos
se llevaron su aire y es el tuyo,
el nuestro, el que desplazan nuestros cuerpos,
y nuestra dicha es la primera,
y nuestro sitio es único.
Rafael Guillén. Las edades del frío.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario